
La jerarquía del valor razonable en la NIIF 13 clasifica los inputs de medición en tres niveles según su confiabilidad. El Nivel 1 usa precios de mercados activos, el Nivel 2 emplea datos observables indirectos y el Nivel 3 utiliza estimaciones internas cuando no existe información externa disponible.

¿Qué es la jerarquía del valor razonable?
Antes de entrar a cada nivel, conviene dejar una idea en mente: la jerarquía no clasifica activos “buenos o malos”, sino la calidad de los datos usados para medir. La NIIF 13 organiza esos datos (inputs) para que se entienda qué tan “objetiva” es la medición y qué tanto depende de supuestos.
Ese orden importa porque el valor razonable pretende reflejar un precio de salida en una transacción ordenada. Cuando se usa un precio de mercado directo, la medición suele ser más verificable. Cuando no existe ese precio, la entidad recurre a modelos y estimaciones, y ahí aumenta la necesidad de explicación.
Un mismo instrumento puede cambiar de nivel sin cambiar de “tipo”. Lo que cambia es la disponibilidad de información observable, la actividad del mercado o los ajustes necesarios. Por eso, entender la jerarquía evita errores en clasificación y en revelaciones.
Además, la jerarquía ayuda a comparar estados financieros entre entidades. Si dos empresas dicen medir al “valor razonable”, pero una está en Nivel 1 y otra en Nivel 3, la confiabilidad y la sensibilidad a supuestos no son iguales. Esa diferencia debe quedar clara en notas.
Propósito de la clasificación jerárquica
El propósito principal es mejorar la transparencia. La jerarquía obliga a mostrar si la medición se apoya en precios disponibles para cualquiera o en cálculos internos. Así, quien analiza los estados financieros puede identificar dónde hay mayor juicio y dónde hay mayor evidencia externa.
También facilita la gestión de riesgos contables. Cuanto más se acerca la medición al Nivel 3, más relevante se vuelve documentar supuestos, sensibilidad y fuentes. Esto reduce discrepancias en auditoría y evita que una medición parezca arbitraria.
En la práctica, la clasificación orienta qué revelar: técnicas de valoración, inputs relevantes y movimientos entre niveles. Esto es clave cuando se monetiza un sitio con AdSense y Ezoic, porque el contenido debe ser informativo, claro y sin promesas engañosas, enfocándose en educación financiera.
Por último, sirve para coherencia interna. Si el equipo contable usa un modelo, la jerarquía ayuda a decidir qué input manda y qué nivel corresponde. Así se evita “elegir el nivel” por conveniencia, y se sigue el criterio de la norma.
Marco normativo en la NIIF 13
La NIIF 13 define el valor razonable y establece un marco único para medirlo y revelarlo. Dentro de ese marco aparece la jerarquía, que clasifica inputs en Nivel 1, 2 o 3. La clave es priorizar inputs observables sobre no observables, siempre que estén disponibles.
La norma no obliga a usar una técnica específica en todos los casos. Más bien, pide aplicar técnicas apropiadas según circunstancias, maximizando el uso de datos observables. Por eso, el nivel no depende del “modelo” por sí solo, sino de los inputs significativos del modelo.
La NIIF 13 también conecta medición con revelación. Cuando el nivel es 3, las notas suelen ser más extensas: supuestos, reconciliaciones y análisis de sensibilidad si aplica. Esto no es “relleno”, es una forma de mostrar el grado de incertidumbre.
En contextos financieros, estas mediciones suelen convivir con otros temas. Por ejemplo, al analizar deterioro y riesgo, es común revisar cómo se calculan las pérdidas crediticias esperadas y qué inputs son observables, aunque ese cálculo pertenezca a otro estándar.
Nivel 1: Precios cotizados en mercados activos
El Nivel 1 es el punto más “directo” de la jerarquía porque usa precios cotizados sin ajustar. Cuando existe un mercado activo, el precio reflejado suele incorporar la información relevante de compradores y vendedores, lo que reduce el juicio contable.
Lo importante es que el precio sea de un mercado activo para el activo o pasivo idéntico. Si el precio necesita ajustes significativos, puede dejar de ser Nivel 1. Aun así, el hecho de partir de un precio observable sigue siendo una base sólida.
Este nivel suele ser el más fácil de defender: hay una cotización pública. Sin embargo, también exige cuidado en la unidad de cuenta, el mercado principal (o más ventajoso) y la fecha de medición. Un error común es tomar un precio de referencia que no corresponde al mercado relevante.
Cuando una entidad opera con instrumentos financieros, el Nivel 1 aparece con frecuencia. Pero no siempre: basta con que baje la actividad del mercado o que el instrumento no sea idéntico para que la medición migre a Nivel 2 o 3.
Definición y características del nivel 1
El Nivel 1 utiliza precios cotizados en mercados activos para activos o pasivos idénticos. Es decir, se basa en evidencia directa y disponible públicamente. El precio se usa sin ajustes, salvo que la norma permita consideraciones específicas muy puntuales.
A continuación se listan características que suelen confirmar que una medición encaja en este nivel:
- Mercado activo: Existen transacciones con frecuencia y volumen suficientes para generar información de precios de forma continua.
- Instrumento idéntico: La cotización corresponde al mismo activo o pasivo, no a uno “parecido” o con condiciones distintas.
- Precio sin ajustes: No se requiere ajustar por liquidez, riesgo de crédito u otros factores para que el precio sea representativo.
- Acceso al mercado: La entidad puede acceder al mercado en la fecha de medición; no es un precio “teórico” sin posibilidad práctica.
Estas condiciones no se cumplen por intuición. Se soportan con evidencia: fuentes de precios, descripción del mercado y evaluación de actividad. Si el mercado se “seca”, el precio podría no representar una transacción ordenada.
También es importante evitar confusiones con precios indicativos. Un precio publicado, pero sin operaciones reales, puede no ser suficiente. En ese caso, aunque el dato sea “visible”, podría no calificarse como Nivel 1.
Ejemplos de activos y pasivos de nivel 1
Los ejemplos típicos de Nivel 1 están vinculados a instrumentos con cotización pública y alta liquidez. Aun así, se debe confirmar que la cotización corresponde al instrumento idéntico y al mercado activo relevante.
A continuación se muestran casos frecuentes, con una breve explicación:
- Acciones ordinarias cotizadas: Si se negocian en bolsa con volumen constante y hay precio de cierre observable, suele ser Nivel 1.
- Bonos soberanos altamente líquidos: Cuando existen precios cotizados y transacciones frecuentes para el mismo ISIN, suelen clasificar como Nivel 1.
- Fondos cotizados (ETF) con mercado activo: Si el ETF se negocia de forma continua y el precio es observable, la medición suele ser Nivel 1.
- Pasivos negociados en mercado activo: En algunos casos, ciertas obligaciones emitidas pueden tener cotización activa y permitir un precio Nivel 1.
En todos los casos, el punto de control es el mismo: actividad del mercado y ausencia de ajustes. Si el instrumento tiene restricciones, falta de convertibilidad o baja negociación, la clasificación puede cambiar.
Si una entidad intenta “forzar” Nivel 1 usando el precio de un activo similar, pierde el sentido de la jerarquía. En esa situación, la medición normalmente cae en Nivel 2 por uso de inputs observables indirectos.
Nivel 2: Datos de entrada observables
El Nivel 2 se usa cuando no hay precios cotizados de Nivel 1 para un instrumento idéntico, pero sí existen datos observables que permiten estimar el valor. Es un nivel muy común porque muchos instrumentos no tienen una cotización directa, aunque el mercado sí ofrece referencias útiles.
La idea central es que los inputs provienen del mercado: curvas, spreads, tasas, precios de instrumentos comparables o cotizaciones para activos similares. La medición aún se apoya en evidencia externa, pero requiere más juicio que el Nivel 1.
Nivel 2 no significa “inventado”. Significa que se construye el valor usando información observable, con ajustes razonables. La calidad del Nivel 2 depende mucho de la consistencia del modelo y de que los ajustes estén bien justificados.
En contabilidad, este nivel suele aparecer en derivados, deuda corporativa menos líquida o instrumentos estructurados simples. El desafío suele ser explicar claramente qué inputs se usaron y por qué son observables.
Tipos de inputs que conforman el nivel 2
Los inputs del Nivel 2 son observables directa o indirectamente. Pueden venir de mercados activos de instrumentos similares o de mercados no activos con información suficiente. Lo clave es que sean datos basados en mercado, no supuestos internos dominantes.
A continuación se listan inputs típicos del Nivel 2:
- Precios de activos similares: Se usan cotizaciones de instrumentos comparables y se ajustan por diferencias relevantes.
- Tasas de interés observables: Curvas de tasas publicadas, como tasas libres de riesgo o tasas interbancarias, según el mercado aplicable.
- Spreads de crédito observables: Diferenciales derivados de emisiones comparables o de datos de mercado sobre riesgo crediticio.
- Volatilidades implícitas: En opciones, cuando la volatilidad se obtiene de precios de mercado y no de estimaciones internas.
- Tipos de cambio y precios de commodities: Cotizaciones publicadas y accesibles que alimentan modelos de valoración.
Si el input observable existe, pero el ajuste es tan grande que domina el resultado, puede empujar la medición hacia Nivel 3. Por eso, no basta con “tener un dato observable”; importa cuánto pesa.
En la documentación, conviene describir fuentes y fechas. También ayuda explicar por qué el mercado de referencia es el adecuado, especialmente cuando hay más de una fuente disponible.
Ajustes a los datos de entrada observables
En Nivel 2, los ajustes son comunes porque se parte de referencias, no de un precio idéntico. Esos ajustes pueden reflejar diferencias de plazo, calidad crediticia, condiciones contractuales, liquidez o localización. El ajuste debe ser coherente con lo que participantes del mercado considerarían.
El riesgo está en que el ajuste sea, en realidad, un supuesto interno no observable. Cuando eso sucede, el input “deja de ser Nivel 2” en la parte que influye de forma significativa. Por eso se recomienda evaluar la sensibilidad: si el ajuste cambia el valor de manera material, la clasificación puede cambiar.
Otro punto delicado es la liquidez. En mercados menos activos, los precios pueden ser más dispersos. Ajustar por liquidez puede ser válido, pero debe basarse en evidencia del mercado, no en una preferencia de la entidad por “ser conservadora”.
Estos ajustes tienen impacto en revelaciones. Aunque Nivel 2 requiere menos detalle que Nivel 3, sigue siendo buena práctica indicar fuentes y naturaleza de inputs. Eso reduce dudas sobre la robustez de la medición.
Ejemplos de mediciones de nivel 2
Las mediciones de Nivel 2 son frecuentes en instrumentos donde existe mercado, pero no una cotización directa para el ítem idéntico. En esos casos, la entidad usa modelos estándar y alimenta el cálculo con inputs observables.
A continuación se presentan ejemplos típicos:
- Bonos corporativos con poca negociación: Se valoran con curvas observables y spreads de emisores comparables, ajustando por plazo y riesgo.
- Swaps de tasa de interés: Se miden descontando flujos con curvas observables y factores de descuento de mercado.
- Préstamos con tasas referenciadas: Se estiman usando tasas de mercado para instrumentos similares y ajustes por riesgo crediticio observable.
- Opciones “vanilla” con volatilidad implícita: Cuando la volatilidad se obtiene del mercado para vencimientos similares, suele ser Nivel 2.
Un error común es clasificar como Nivel 1 solo porque “hay un precio en pantalla”. Si ese precio no corresponde a un mercado activo o requiere ajustes importantes, es más razonable pensar en Nivel 2.
En instrumentos financieros, la frontera entre Nivel 2 y 3 suele depender del acceso real a inputs observables. Por eso, conviene describir claramente si los datos vienen de fuentes públicas, brokers o servicios de información financiera y cómo se validan.
Nivel 3: Datos de entrada no observables
El Nivel 3 se usa cuando los inputs relevantes no son observables. En otras palabras, el mercado no ofrece datos suficientes, y la entidad debe construir supuestos. Eso no significa que sea “incorrecto”, sino que requiere más juicio y más revelación.
Este nivel suele aparecer en activos únicos, instrumentos complejos o mercados ilíquidos. La medición depende de estimaciones internas alineadas con supuestos de participantes del mercado, no con deseos de la administración. Esa alineación es el corazón del Nivel 3.
Para evitar arbitrariedad, se usan modelos y se buscan referencias indirectas, aunque sean imperfectas. Además, se documentan supuestos, rangos y métodos de calibración. La transparencia compensa la falta de datos externos directos.
Nivel 3 también exige especial cuidado cuando la medición afecta resultados. Cambios en supuestos pueden mover utilidades o patrimonio, por lo que las notas deben permitir entender de dónde sale el número.
¿Cuándo se aplica el nivel 3?
Se aplica cuando no hay precios cotizados para un instrumento idéntico y los inputs observables no están disponibles, o no son suficientes, para medir el valor razonable de forma predominante. En la práctica, esto pasa cuando el mercado es muy poco activo o el activo es altamente específico.
También se llega a Nivel 3 cuando sí hay inputs observables, pero el componente no observable es el que realmente manda en el resultado. La clasificación depende del input más significativo para toda la medición, no del input “más fácil de mostrar”.
Por ejemplo, un modelo puede usar una tasa libre de riesgo observable, pero si el factor clave es una prima de riesgo construida internamente, el nivel tiende a ser 3. Lo mismo ocurre cuando se ajusta de forma importante por iliquidez sin evidencia suficiente.
En decisiones contables, este nivel se vuelve relevante si hay transacciones corporativas, activos intangibles o inversiones en entidades no listadas. Allí, el valor razonable suele ser un rango razonable, más que un número “exacto”.
Técnicas para estimar inputs no observables
En Nivel 3, la entidad aplica técnicas de valoración y desarrolla inputs consistentes con el mercado, aunque no se observen directamente. La calidad del trabajo depende de la lógica del modelo, la documentación y la coherencia con transacciones comparables cuando existan.
A continuación se listan técnicas comunes para estimar inputs no observables:
- Calibración con transacciones recientes: Se ajusta el modelo para que refleje una transacción real reciente del mismo activo o uno muy comparable.
- Análisis de escenarios: Se construyen varios escenarios (base, optimista, conservador) y se ponderan según probabilidades razonables.
- Benchmarking con comparables: Se toman múltiplos o parámetros de empresas/activos similares y se ajustan por diferencias específicas.
- Backtesting: Se compara la valoración previa con resultados reales (ventas, flujos logrados) para mejorar supuestos futuros.
- Rangos y sensibilidad: Se estima un rango para inputs clave y se evalúa cuánto cambia el valor si el input se mueve.
Estas técnicas ayudan a sostener que los supuestos representan a participantes del mercado. Aun cuando el input sea interno, debe poder explicarse con lógica económica y evidencia indirecta.
En notas, suele ser útil identificar los inputs que más mueven el valor: tasa de descuento, crecimiento, margen, tasa de incumplimiento, etc. Así se entiende dónde está la incertidumbre real.
Ejemplos de activos medidos en nivel 3
Los activos y pasivos de nivel 3 suelen ser los que no tienen un mercado activo ni referencias suficientes. Son comunes en situaciones de iliquidez, complejidad contractual o características únicas. Esto se ve mucho en operaciones corporativas y activos intangibles.
A continuación, ejemplos frecuentes:
- Participaciones en empresas no cotizadas: La valoración depende de proyecciones, múltiplos ajustados y primas por iliquidez.
- Activos intangibles en combinaciones de negocios: Marcas, relaciones con clientes o tecnología suelen requerir supuestos internos y modelos de ingreso.
- Propiedades especiales sin comparables: Inmuebles muy específicos pueden valorarse con flujos estimados y supuestos de ocupación.
- Instrumentos financieros complejos: Estructuras con cláusulas no estándar pueden requerir modelos con parámetros no observables.
En este contexto, el tratamiento contable se conecta con otras decisiones. Por ejemplo, si una entidad vende un instrumento, debe evaluar el momento de dar de baja un activo financiero, porque eso define cuándo deja de medirse y cómo se reconoce el resultado.
También puede cruzarse con análisis de participación en otras entidades. En inversiones no cotizadas, conceptos como influencia significativa afectan el enfoque contable general, aunque la jerarquía se centre en cómo se mide el valor razonable cuando aplica.
Técnicas de valoración según NIIF 13
| Técnica (NIIF 13) | Idea central | ¿Cuándo suele encajar mejor? | Inputs típicos |
|---|---|---|---|
| Enfoque de mercado | Estima el valor con precios y datos de transacciones comparables. | Cuando hay comparables y referencias de mercado suficientes. | Precios de activos similares, múltiplos, spreads observables. |
| Enfoque del costo | Refleja el importe necesario para reemplazar la capacidad de servicio del activo. | Cuando el activo aporta utilidad por su capacidad y no por flujos directos. | Costos de reposición, obsolescencia, ajustes por desgaste. |
| Enfoque del ingreso | Convierte flujos futuros a un valor presente. | Cuando el valor proviene de generar ingresos o ahorros futuros. | Flujos proyectados, tasa de descuento, crecimiento, riesgos. |
Enfoque de mercado
El enfoque de mercado parte de transacciones reales: ventas recientes, cotizaciones o múltiplos observables. Su fortaleza está en que ancla la medición a lo que el mercado está pagando, reduciendo el peso de supuestos internos.
Cuando no existe un activo idéntico, se usan comparables y se ajusta por diferencias. La calidad del resultado depende de qué tan comparables sean los referentes y de que los ajustes reflejen condiciones de mercado, no preferencias internas.
Este enfoque aparece en valoraciones de empresas, inmuebles con comparables y algunos instrumentos financieros. Es común usar múltiplos como EV/EBITDA o precio/ganancias, siempre cuidando la consistencia de métricas y periodos.
El reto es documentar por qué se eligieron esos comparables y cómo se hicieron los ajustes. Si los comparables son débiles y el ajuste domina, la medición se acerca a Nivel 3.
Enfoque del costo
El enfoque del costo mira el valor desde la lógica de reemplazo. En vez de preguntar “¿Cuánto genera?”, pregunta “¿Cuánto costaría reemplazar su capacidad de servicio hoy?”. Se usa cuando el activo aporta utilidad por su función.
Para que sea razonable, se consideran obsolescencia física, funcional y económica. No se trata de sumar facturas históricas, sino de estimar el costo actual y luego ajustar por pérdidas de utilidad o desgaste.
Es habitual en activos especializados, ciertos equipos o infraestructura que no se compran y venden con frecuencia. También puede apoyar valoraciones cuando no hay mercado y los flujos son difíciles de atribuir de forma directa.
El punto crítico es justificar los ajustes por obsolescencia. Si esos ajustes son altamente subjetivos, el resultado suele ubicarse en Nivel 3 por el peso de inputs no observables.
Enfoque del ingreso
El enfoque del ingreso convierte beneficios futuros en un valor presente. Normalmente, se aplica con técnicas como flujo de caja descontado. Su fuerza es que conecta el valor con la capacidad de generar flujos, pero exige supuestos claros.
Los inputs más sensibles suelen ser tasa de descuento, crecimiento y márgenes. Pequeños cambios pueden mover el valor de forma significativa, por lo que la entidad debe documentar de dónde salen esos supuestos y si están alineados con el mercado.
Este enfoque es común en intangibles, negocios en marcha, inversiones no cotizadas y mediciones donde el mercado no ofrece comparables suficientes. También aparece en pruebas relacionadas con expectativas de desempeño futuro.
Cuando se usa, conviene validar supuestos con evidencia externa: tasas de mercado, primas de riesgo, desempeño histórico y coherencia con el sector. Si la evidencia externa es limitada, la clasificación tenderá a Nivel 3.
¿Cómo determinar el nivel de la jerarquía?
Determinar el nivel no es “elegir” una etiqueta: es identificar qué inputs alimentan la medición y cuál pesa más. La regla práctica es seguir el rastro del número: ¿de dónde salió el dato que realmente mueve el resultado?
El error más común es fijarse en el modelo (por ejemplo, un descuento de flujos) y asumir que eso implica Nivel 3. Un modelo puede ser Nivel 2 si los inputs significativos son observables. El nivel depende de inputs, no del nombre de la técnica.
También ayuda separar inputs triviales de inputs dominantes. Un input observable pequeño no “salva” una medición dominada por supuestos internos. Por eso, el análisis debe ser honesto y sustentado.
En el día a día, esta evaluación se integra con procesos de cierre, notas y revisión de auditoría. Cuanto más clara sea la trazabilidad de inputs, más fácil será sostener el nivel asignado.
Principio del input más significativo
El principio clave es que la medición se clasifica según el input de menor nivel que sea significativo para toda la medición. Dicho simple: si lo que manda es no observable, es Nivel 3, aunque existan otros inputs observables.
“Significativo” no es un término decorativo. Requiere juicio y, cuando es posible, evidencia: análisis de sensibilidad, materialidad del impacto y documentación de por qué un input mueve más el resultado que otros.
Este principio evita clasificaciones optimistas. También promueve coherencia: dos entidades con modelos parecidos deberían llegar a niveles similares si los inputs dominantes son equivalentes.
En notas, conviene identificar cuáles fueron los inputs significativos. Eso permite que quien analiza entienda por qué el nivel es 2 o 3 sin tener que adivinarlo.
Clasificación cuando hay inputs de distintos niveles
Muchas mediciones mezclan inputs: algunos de Nivel 1 o 2 (curvas, tasas) y otros de Nivel 3 (primas, supuestos). En ese escenario, se aplica el principio del input más significativo y se clasifica por el nivel más bajo que domine.
A continuación se muestra una forma práctica de verlo con ejemplos típicos:
| Combinación de inputs | Qué sucede en la práctica | Nivel resultante (si el input indicado es significativo) |
|---|---|---|
| Precio cotizado idéntico (Nivel 1) + sin ajustes | La medición es directa y verificable. | Nivel 1 |
| Curvas y spreads observables (Nivel 2) + ajustes menores | El modelo usa mercado y el ajuste no domina el valor. | Nivel 2 |
| Inputs observables (Nivel 2) + prima por iliquidez interna (Nivel 3) | Si la prima cambia materialmente el resultado, domina la medición. | Nivel 3 |
| Tasa libre de riesgo observable (Nivel 2) + flujos proyectados internos (Nivel 3) | Los flujos suelen ser el motor del valor, no la tasa. | Nivel 3 |
Si existe duda, el análisis de sensibilidad suele aclarar qué input “mueve” el número. Esa evidencia respalda la clasificación y reduce discusiones posteriores.
En reportes internos, también ayuda asociar cada input con su fuente. Esto conecta con conceptos básicos de presentación y análisis, como identificar correctamente el saldo deudor y saldo acreedor al interpretar efectos en cuentas.
Transferencias entre niveles de valor razonable
Las transferencias ocurren cuando cambian las circunstancias del mercado o la disponibilidad de inputs. No son “errores”; muchas veces reflejan cambios reales en liquidez o en la calidad de la información observable.
Un punto clave es que las políticas contables definan cuándo se reconoce una transferencia: por ejemplo, al inicio del periodo, al final o en la fecha del evento. La consistencia en esa política evita distorsiones entre periodos.
Estas transferencias importan porque cambian el tipo de revelación esperada. Si una medición pasa a Nivel 3, normalmente se pide más detalle y, en algunos casos, conciliaciones. Por eso, no basta con cambiar la etiqueta; hay que actualizar notas.
También ayudan a entender el entorno económico. Un salto de Nivel 1 a 2 puede indicar menor actividad de mercado. Un salto a 3 puede señalar iliquidez o falta de referencias confiables.
Causas de las transferencias
Las causas suelen estar relacionadas con cambios en el mercado o con la estructura del instrumento. A continuación se incluyen motivos frecuentes que explican por qué una medición cambia de nivel:
- Pérdida de actividad del mercado: Disminuye el volumen de transacciones y el precio deja de ser representativo como Nivel 1.
- Cambios en observabilidad de inputs: Dejan de publicarse curvas, spreads o referencias confiables, afectando mediciones de nivel 2.
- Aumento de ajustes necesarios: Crece la necesidad de ajustar por iliquidez o riesgo, y el ajuste se vuelve significativo.
- Nuevos datos de mercado: Aparecen cotizaciones o transacciones comparables que reducen el uso de supuestos internos.
- Modificación contractual del instrumento: Cambian cláusulas y el instrumento ya no es comparable con el que antes se valoraba.
La clave es documentar el evento y su efecto. No basta con decir “cambió de nivel”; se debe explicar qué input dejó de estar disponible o cuál empezó a dominar la medición.
Cuando las transferencias son recurrentes, suele indicar que el mercado es inestable o que la metodología necesita mejor gobierno. En esos casos, revisar fuentes y validaciones internas ayuda a estabilizar el proceso.
Revelación de transferencias en los estados financieros
Las revelaciones buscan que se entienda qué cambió y cuándo. Además, se debe mostrar la política contable para reconocer transferencias y, en algunos casos, los importes transferidos entre niveles.
A continuación se muestra una estructura típica de revelación, adaptable según materialidad y requerimientos específicos:
| Elemento a revelar | Qué se explica | Ejemplo de redacción (idea) |
|---|---|---|
| Política de reconocimiento | Momento en que se registran transferencias entre niveles. | La entidad reconoce transferencias al final del periodo en que ocurre el cambio. |
| Importes transferidos | Montos que pasaron de un nivel a otro, por clase de activo/pasivo. | Se transfirieron X del Nivel 1 al Nivel 2 por disminución de actividad. |
| Razones del cambio | Qué input dejó de ser observable o qué ajuste se volvió significativo. | El spread observable dejó de estar disponible y se estimó internamente. |
| Impacto en metodología | Si cambió la técnica o solo los inputs. | Se mantuvo el modelo de descuento, pero cambió la fuente de spreads. |
Una revelación clara reduce interpretaciones erróneas. También ayuda a conectar el cambio con el contexto económico, sin exagerar ni minimizar el efecto.
Cuando el movimiento involucra Nivel 3, la entidad suele ampliar notas. Eso incluye inputs clave y, si aplica, conciliaciones. La idea es que la incertidumbre quede visible y comprensible.
Información a revelar sobre la jerarquía
Las revelaciones existen para que se entienda el “qué” y el “cómo” de la medición. No es suficiente decir “valor razonable Nivel 2”: se espera información sobre técnicas, inputs y clasificación por niveles, por clases de activos y pasivos.
La meta es que la medición sea entendible y comparable. Cuando el valor razonable afecta cifras relevantes, una nota bien explicada evita dudas sobre la solidez del número y sobre cuánto depende de supuestos.
En un sitio de contabilidad financiera, esta parte suele ser la que más confusión causa, porque mezcla términos técnicos con objetivos prácticos. Por eso conviene pensar en revelaciones como una historia: qué se midió, con qué método y con qué datos.
También es útil separar mediciones recurrentes de no recurrentes. Esa división aclara si el valor se actualiza periódicamente o solo por eventos específicos, como deterioros, ventas o reclasificaciones.
Revelaciones para mediciones recurrentes
Las mediciones recurrentes son las que se repiten en cada periodo de reporte. En estos casos, las revelaciones suelen incluir el nivel de jerarquía, las técnicas usadas y los inputs relevantes. La idea es que se pueda seguir la evolución de la medición en el tiempo.
Cuando existen saldos en Nivel 3, normalmente se espera más detalle: reconciliación de saldos (inicio a fin), ganancias o pérdidas reconocidas y explicación de los inputs no observables. En Nivel 3, la claridad es parte de la calidad contable.
En Nivel 1, la revelación suele ser más simple: la clase de instrumento y el hecho de que hay precios cotizados en mercados activos. Aun así, conviene indicar el mercado principal y la política de selección de precios si hay más de una fuente.
En Nivel 2, se describen los inputs observables y el tipo de modelo. Esto evita que la medición parezca una “caja negra”. Además, si hay ajustes relevantes, se explica su naturaleza, aunque sin convertir la nota en un manual técnico.
Revelaciones para mediciones no recurrentes
Las mediciones no recurrentes se registran por eventos específicos, no en cada cierre por rutina. Por ejemplo, cuando un activo se mide a valor razonable por una circunstancia particular. En estos casos, se revela por qué se midió así y qué técnica se usó.
También se indica el nivel de la jerarquía y los inputs relevantes. La explicación del evento es tan importante como el número, porque aclara si fue una situación excepcional y si puede repetirse.
Cuando la medición no recurrente cae en Nivel 3, suele ser necesario explicar supuestos de forma más directa: qué se estimó, qué rangos se consideraron y qué evidencia se usó para respaldar los inputs. Esto reduce el riesgo de interpretaciones confusas.
Finalmente, se debe cuidar la consistencia con otras notas. Una medición no recurrente puede afectar resultados, deterioros o reclasificaciones. Si se explica de forma aislada, se pierde la conexión con el resto de los estados financieros.
Ejemplo de una jerarquía del valor razonable según la NIIF 13
Este ejemplo muestra cómo una entidad podría presentar, de forma visual, la clasificación por niveles. Los importes son ilustrativos para entender la estructura, no representan valores reales.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es importante la jerarquía del valor razonable?
Porque permite entender de qué tan “de mercado” es el número que aparece en los estados financieros. La jerarquía muestra si el valor se obtuvo con un precio observable (más verificable) o con estimaciones internas (más sensibles a supuestos). Además, ayuda a comparar empresas: dos valores razonables iguales pueden tener niveles distintos y, por tanto, diferente incertidumbre y necesidad de revelación.
¿Qué diferencia hay entre inputs observables y no observables?
Los inputs observables provienen del mercado: tasas, curvas, precios o datos disponibles para participantes del mercado y sustentados por transacciones. Los no observables se construyen cuando el mercado no ofrece información suficiente, por ejemplo, primas por iliquidez o proyecciones de flujos específicas. La diferencia importa porque cambia la confiabilidad, la documentación requerida y el nivel de revelación en notas.
¿Cuál es el nivel más confiable de la jerarquía?
En términos generales, el Nivel 1 es el más confiable porque usa precios cotizados sin ajustar en mercados activos para instrumentos idénticos. Eso reduce el juicio y facilita la verificación con fuentes públicas. Sin embargo, “más confiable” no significa “siempre disponible”: muchos activos no tienen mercado activo o no tienen un instrumento idéntico cotizado, por lo que se recurre a Nivel 2 o 3 con revelaciones adecuadas.
¿Puede cambiar el nivel de jerarquía de un activo con el tiempo?
Sí, y es más común de lo que parece. Un activo puede pasar de Nivel 1 a Nivel 2 si el mercado pierde actividad o si la cotización deja de ser representativa sin ajustes. También puede moverse hacia Nivel 1 si aparece un mercado activo o hacia Nivel 3 si los inputs observables desaparecen y los supuestos internos se vuelven significativos. Lo importante es documentar qué cambió y cuándo se reconoce la transferencia.
¿La jerarquía del valor razonable depende del tipo de activo o del método de valoración?
Depende principalmente de los inputs usados, no del nombre del activo ni del método. Un mismo tipo de activo puede caer en distintos niveles según su liquidez y la disponibilidad de datos de mercado. Incluso un método como flujo descontado podría ser Nivel 2 si los inputs significativos son observables. La clasificación correcta se decide analizando qué dato mueve el resultado final de la medición.
¿Qué pasa si existe un precio publicado, pero casi no hay transacciones?
Un precio publicado no siempre significa Nivel 1. Para que sea Nivel 1, debe provenir de un mercado activo con suficiente volumen y frecuencia. Si casi no hay transacciones, el precio puede ser indicativo y no representar una transacción ordenada. En esos casos, la entidad puede necesitar usar otros datos observables y ajustes, lo que suele llevar a Nivel 2, o incluso a Nivel 3 si los ajustes o supuestos internos dominan.
¿Cómo se decide si un ajuste es “significativo” para la clasificación?
Se decide evaluando cuánto impacta el ajuste en el valor razonable. Si el ajuste cambia el resultado de manera material o es el factor principal que explica el valor, entonces es significativo. También ayuda un análisis de sensibilidad: mover el ajuste dentro de un rango razonable y ver cómo responde el valor. Si ese ajuste es no observable y pesa mucho, la medición tiende a clasificarse en Nivel 3.
¿Se puede tener un instrumento en Nivel 2 aunque se use un modelo matemático?
Sí. El uso de un modelo no convierte automáticamente una medición en Nivel 3. Muchos instrumentos se valoran con modelos estándar que utilizan inputs observables, como curvas de tasas, spreads de mercado o volatilidades implícitas. Si esos inputs son los más relevantes para el resultado, la medición puede ser Nivel 2. La clave es demostrar la observabilidad de los inputs y que los ajustes no observables no dominen.
¿Qué revelaciones suelen aumentar cuando una medición cae en Nivel 3?
Normalmente, aumentan las explicaciones sobre supuestos y sensibilidad. Aunque los detalles exactos dependen del caso, Nivel 3 suele requerir describir los inputs no observables clave, cómo se estimaron y por qué representan supuestos de participantes del mercado. También es común presentar conciliaciones de saldos y explicar ganancias o pérdidas relacionadas. La idea es que la incertidumbre quede clara y que el número no parezca arbitrario.
¿Cómo se relaciona la jerarquía del valor razonable con la comparabilidad entre empresas?
Se relaciona porque dos empresas pueden reportar “valor razonable”, pero con distinta base de evidencia. Una medición de Nivel 1 suele ser comparable de forma directa porque proviene de un precio de mercado. En Nivel 2 y 3, la comparabilidad depende de técnicas, fuentes e inputs, y puede variar más entre entidades. Por eso, la jerarquía y las notas ayudan a entender si las diferencias se deben al mercado, a los supuestos o a ambos.
Conclusión
En la jerarquía del valor razonable, lo que realmente se ordena es la calidad de los datos que sostienen la medición. Tú no estás eligiendo un “nivel bonito”, sino identificando si el valor se apoya en precios directos, referencias observables o supuestos internos.
Si tú entiendes bien qué caracteriza a los niveles 1, 2 y 3, puedes clasificar con el principio del input más significativo, explicar ajustes y reconocer cuándo una medición cambia de nivel. Eso te sirve para preparar notas más claras, sostener tu criterio con evidencia y evitar confusiones en cierres y revisiones.
Al final, cuando tú conectas técnica de valoración, tipo de input y revelación, el valor razonable se vuelve mucho más fácil de leer y de defender. En nuestro sitio hay más contenidos relacionados que amplían estos temas y ayudan a seguir profundizando en el análisis de estados financieros y sus criterios.







