
La depreciación de encofrados y andamios consiste en distribuir el costo de estos equipos a lo largo de su vida útil, reconociendo cada año el desgaste que sufren durante las obras. En este artículo encontrarás los métodos que permite aplicar la NIC 16, cómo estimar la vida útil según el tipo de material y cómo registrar contablemente cada cuota de depreciación.

¿Qué son los encofrados y andamios como activo fijo?
Antes de hablar de depreciación, es necesario entender qué lugar ocupan estos equipos dentro de la contabilidad de una empresa constructora. Un bien se clasifica como propiedad, planta y equipo cuando se espera usarlo durante más de un período contable para generar beneficios económicos futuros. Los encofrados y andamios, por su naturaleza reutilizable, encajan perfectamente en esta categoría cuando la empresa los adquiere en propiedad.
Esto significa que no se registran como un gasto del período en el que se compran. En cambio, su costo se activa en el balance y se va reconociendo de forma gradual a través de la depreciación, distribuyendo el desembolso inicial a lo largo de los años en que el activo presta servicio. Esta distinción tiene un impacto directo en los estados financieros y en la carga tributaria de cada ejercicio.
Diferencias entre encofrado y andamio
Aunque se usan juntos en obra, son equipos distintos con funciones diferentes. El encofrado actúa como molde temporal que da forma al hormigón mientras fragua; una vez retirado, el concreto mantiene la forma por sí solo. El andamio, por su parte, es una estructura auxiliar que sirve de plataforma de trabajo para los operarios, permitiendo acceder a zonas elevadas del edificio o estructura en construcción.
¿Cuándo se reconocen como propiedad, planta y equipo?
El reconocimiento como activo depende de dos criterios que establece la NIC 16: que sea probable que el bien genere beneficios económicos futuros para la entidad y que su costo pueda medirse con fiabilidad. Si una empresa adquiere encofrados metálicos reutilizables o andamios modulares con intención de emplearlos en múltiples proyectos, ambas condiciones se cumplen y el registro como activo fijo es el tratamiento correcto.
El caso de los encofrados de madera de un solo uso es diferente. Si se compran específicamente para una única colada y no se planea reutilizarlos, pueden tratarse como materiales de obra y cargarse directamente al costo del proyecto sin activarlos. La clave está siempre en la intención de uso y en la vida útil esperada que la gerencia asigne al bien desde el momento de su adquisición.
¿Cómo se calcula la depreciación de encofrados y andamios?
El cálculo parte de tres datos fundamentales: el costo del activo, el valor residual estimado al final de su vida útil y el período durante el cual se espera que preste servicio. La diferencia entre el costo y el valor residual es lo que se llama importe depreciable, y es precisamente ese valor el que se distribuye a lo largo de los años mediante el método elegido. Cualquier error en alguno de estos tres datos afecta directamente la cuota que se registra cada año.
Método de línea recta
Es el más utilizado en la práctica por su sencillez. Consiste en dividir el importe depreciable entre el número de años de vida útil estimada, lo que genera una cuota fija idéntica para cada período. Si una empresa adquiere un juego de encofrados metálicos por 12.000 dólares, estima un valor residual de 2.000 dólares y una vida útil de 10 años, la cuota anual sería: (12.000 − 2.000) / 10 = 1.000 dólares por año.
La ventaja de este método es que facilita la planificación financiera, porque el gasto de depreciación no varía de un año a otro. Sin embargo, puede no reflejar con precisión el desgaste real de un activo que se usa con mucha intensidad durante los primeros proyectos y luego pasa a tareas más livianas, razón por la que la NIC 16 exige revisar periódicamente si el método sigue siendo el más apropiado.
Método de saldo decreciente
Este método aplica una tasa fija al valor contable del activo al inicio de cada año, lo que genera cuotas más altas en los primeros períodos y menores al final de la vida útil. Se adapta bien a activos que pierden valor rápidamente o que se usan con mayor intensidad al inicio de su ciclo. Para encofrados y andamios, puede ser apropiado cuando el desgaste en los primeros años de obra es claramente superior al que se espera en años posteriores.
Ejemplo ilustrativo con activo de 12.000 y tasa del 20 %. Primeros cinco años.
Método de unidades de producción
Este método vincula el gasto de depreciación directamente al uso real del activo. En lugar de medir el tiempo, mide la actividad: usos del encofrado, horas de servicio del andamio o metros cuadrados de losa ejecutados. La cuota de cada período resulta de multiplicar la tasa por unidad por las unidades efectivamente usadas en ese período. El resultado es una depreciación variable que sube cuando la obra es intensa y baja cuando el equipo descansa.
Para aplicarlo, la empresa debe establecer desde el inicio la vida útil total en unidades: por ejemplo, 500 usos estimados para un encofrado metálico. Si el costo neto del valor residual es de 10.000 dólares, la tasa por uso sería 10.000 / 500 = 20 dólares por uso. En un período donde se realizaron 60 usos, la depreciación sería de 1.200 dólares. Este método es especialmente útil cuando la producción varía mucho entre temporadas de obra.
Vida útil de encofrados y andamios según las NIIF
Las NIIF no fijan tablas rígidas de vida útil para ningún activo. Lo que exigen es que cada empresa realice una estimación razonable basada en el uso real que espera dar al bien, considerando sus condiciones específicas de obra, el mantenimiento que planea aplicar y los factores técnicos que pueden anticipar la obsolescencia o el deterioro. Esta flexibilidad es una ventaja, pero también implica una responsabilidad técnica que recae sobre la gerencia y el área contable.
La vida útil es el período durante el cual la entidad espera utilizar el activo o el número de unidades de producción que espera obtener del mismo. — NIC 16, párrafo 6.
Factores que determinan la vida útil
La vida útil no es un dato genérico que puedas aplicar sin análisis. Depende de variables concretas que varían de una empresa a otra e incluso de un proyecto a otro. Identificarlas antes de fijar el período de depreciación es un paso que no debe saltarse, porque una estimación incorrecta desajusta el gasto en los estados financieros durante todos los años en que el activo esté en uso.
- Material del activo: Los encofrados de madera se deterioran más rápido que los metálicos ante la humedad y el uso repetitivo. Los andamios de aluminio suelen durar más que los tubulares de acero sin protección anticorrosiva.
- Frecuencia de uso: Un equipo que rota entre varios proyectos simultáneos acumula desgaste mucho más rápido que uno que se usa en una sola obra por temporada.
- Condiciones de almacenamiento: El almacenamiento al aire libre sin cubierta acelera la corrosión y el deterioro estructural, reduciendo la vida útil estimada de forma significativa.
- Política de mantenimiento: Las revisiones periódicas, la limpieza tras cada uso y el reemplazo de piezas desgastadas pueden extender considerablemente la vida útil contable del equipo.
- Obsolescencia técnica: La aparición de nuevos sistemas de encofrado más eficientes puede hacer que el equipo actual quede fuera de uso antes de que se deteriore físicamente.
Vida útil contable vs. vida útil fiscal
Existe una diferencia relevante entre la vida útil que estableces con criterio contable y la que acepta la legislación fiscal de cada país. La vida útil contable se basa en la realidad técnica y económica del activo; la fiscal, en cambio, está limitada por tablas o tasas máximas que fija la norma tributaria. Cuando ambas no coinciden, se generan diferencias temporarias que originan impuestos diferidos, un concepto que debes registrar correctamente para no distorsionar el resultado del período.
Por ejemplo, si contablemente estimas que tus andamios durarán 12 años, pero la norma fiscal solo permite depreciarlos en 10, la cuota fiscal anual será mayor que la contable. Esa diferencia se revierte a lo largo del tiempo y afecta el importe del impuesto corriente que pagas cada ejercicio. Mantener ambos registros separados y conciliarlos al cierre del año es parte del trabajo contable que requiere este tipo de activos.
Asientos contables para registrar la depreciación
El registro contable de la depreciación sigue una lógica simple: se carga una cuenta de gastos y se abona una cuenta de depreciación acumulada. Esta última funciona como una cuenta correctora que reduce el valor en libros del activo sin eliminar el registro original del costo. Así, en el balance siempre puedes ver tanto el costo histórico como el valor neto actualizado del equipo.
Veamos un ejemplo práctico. Supón que tienes un juego de andamios con un costo de adquisición de 15.000 dólares, valor residual de 1.500 dólares y vida útil de 10 años. Bajo el método de línea recta, la cuota anual es: (15.000 − 1.500) / 10 = 1.350 dólares por año. El asiento que debes registrar al cierre de cada período es el siguiente.
Asiento de ajuste por depreciación anual. Cifras en dólares.
Cuando la depreciación forma parte del costo de un proyecto de construcción en curso, el asiento varía ligeramente: en lugar de cargar la cuenta de gastos, el importe se incorpora al costo de la obra, lo que resulta en que la depreciación queda activada hasta que el proyecto concluye y se reconoce el ingreso correspondiente. Este tratamiento es coherente con el principio de correlación de ingresos y gastos que establece el marco conceptual de las NIIF.
¿Qué método de depreciación conviene aplicar?
La NIC 16 no establece un método único ni preferente. Lo que exige es que el método seleccionado refleje el patrón real de consumo de los beneficios económicos que el activo genera para la empresa. Dicho de forma práctica: el método debe imitar, lo más fielmente posible, cómo la empresa efectivamente agota el valor del activo a lo largo del tiempo.
Para la mayoría de las constructoras que usan encofrados y andamios de manera regular y homogénea durante el año, la línea recta es la opción más adecuada. Si el uso varía mucho entre proyectos y la empresa lleva un registro detallado de los ciclos de uso de cada equipo, el método de unidades de producción da un resultado más preciso. El saldo decreciente es menos frecuente en este tipo de activos, pero puede justificarse cuando el desgaste inicial es claramente superior al del resto de la vida útil.
Recuerda que, una vez elegido el método, este debe aplicarse de forma consistente período a período. Un cambio de método solo es posible si la empresa puede demostrar que el nuevo método refleja mejor el patrón de consumo del activo, y ese cambio debe tratarse como un cambio en estimación contable, no como una corrección de error, lo que implica aplicarlo de forma prospectiva desde el período en que se decide el cambio.
La elección también tiene implicaciones en la contabilidad de la construcción en su conjunto, porque afecta los costos de cada proyecto, la utilidad bruta de la empresa y la comparabilidad de los estados financieros entre períodos. Por eso, documentar la decisión y el criterio técnico que la respaldó es tan importante como el cálculo en sí.
Errores frecuentes al depreciar encofrados y andamios
Conocer los errores más comunes en este proceso te ayuda a identificarlos antes de que afecten tus estados financieros. Muchos de ellos no son evidentes a primera vista, pero tienen consecuencias directas en la información que la empresa presenta a sus partes interesadas y en el monto de impuestos que calcula cada año.
- Registrar como gasto inmediato activos reutilizables: Un encofrado metálico que se usará en diez proyectos no puede cargarse como gasto en el período de compra. Hacerlo subestima los activos y sobreestima los costos del período.
- No revisar la vida útil al cierre del ejercicio: La NIC 16 exige revisar la vida útil al menos una vez al año. Si el activo se usa más intensamente de lo previsto, la estimación inicial puede haberse vuelto irreal y debe ajustarse.
- Ignorar el valor residual: Fijar un valor residual de cero cuando el activo tiene valor de mercado al final de su vida útil lleva a depreciar de más y a sobrestimar el gasto en los estados financieros.
- Mezclar la depreciación contable con la fiscal: Aplicar directamente las tasas fiscales sin evaluar si coinciden con la vida útil real genera diferencias que no quedan reflejadas ni en el impuesto diferido ni en las notas a los estados financieros.
- No dar de baja activos obsoletos: Mantener en libros equipos que ya no generan beneficios económicos distorsiona el valor de los activos y puede originar ajustes por deterioro que se acumulan silenciosamente.
- Confundir mantenimiento con mejora: Los gastos de mantenimiento que conservan el activo en condiciones normales van directamente al resultado del período. Solo las mejoras que extienden la vida útil o incrementan el rendimiento del activo se activan y se deprecian. Esta distinción impacta directamente en el cálculo del costo de mantenimiento de maquinaria pesada.
Un proceso ordenado de gestión de activos fijos, con registros actualizados y revisiones periódicas, reduce considerablemente la probabilidad de cometer estos errores. Cuando la empresa también trabaja con equipos de mayor envergadura, aplicar los mismos principios al cálculo de la depreciación de maquinaria pesada garantiza coherencia en toda la política de activos.
Preguntas frecuentes
¿Los encofrados y andamios siempre se deprecian?
No siempre. La depreciación aplica únicamente cuando el bien se reconoce como activo fijo, es decir, cuando se espera usarlo durante más de un período contable y genera beneficios económicos futuros. Si los encofrados son de un solo uso, como los de madera que se destruyen al retirarlos, pueden registrarse directamente como costo o gasto del proyecto en el que se utilizan, sin necesidad de activarlos ni depreciarlos. La intención de uso y la reutilizabilidad del equipo son los criterios determinantes para tomar esta decisión desde el momento de la compra.
¿Cuál es la vida útil típica de los encofrados metálicos?
No existe una cifra única establecida por las NIIF, ya que cada empresa debe estimar la vida útil según sus condiciones reales de uso. Sin embargo, en la práctica contable de empresas constructoras, los encofrados metálicos suelen tener una vida útil estimada de entre 8 y 15 años, dependiendo del material, la frecuencia de rotación entre proyectos, el cuidado durante el almacenamiento y la intensidad de las obras. Los encofrados de madera tienen una vida útil mucho más corta, que puede ir de 2 a 5 años según el número de usos que soporten antes de deteriorarse. Lo importante es documentar el criterio técnico que respalda la estimación.
¿Se puede cambiar el método de depreciación una vez iniciado?
Sí, pero con condiciones. La NIC 16 permite cambiar el método de depreciación si el nuevo refleja mejor el patrón de consumo de los beneficios económicos del activo. Este cambio se trata como una modificación en una estimación contable, no como un error, y se aplica de forma prospectiva: es decir, a partir del período en que se toma la decisión, sin ajustar los valores de períodos anteriores. La empresa debe documentar el motivo del cambio y revelar en las notas a los estados financieros el efecto que este tiene sobre la depreciación del ejercicio corriente y de los siguientes.
¿Qué pasa si el andamio está inactivo durante meses?
La depreciación no se detiene porque el activo esté temporalmente fuera de uso. La NIC 16 establece claramente que la depreciación continúa incluso cuando el activo no se utiliza, salvo que esté completamente depreciado. La lógica detrás de esto es que el paso del tiempo genera deterioro por obsolescencia o desgaste natural, independientemente de si el equipo está en obra o almacenado. Solo si se utiliza el método de unidades de producción y no se registró ninguna actividad en ese período, la cuota de depreciación sería cero. Si el activo deja de generar beneficios de forma permanente, la norma indica que debe evaluarse su deterioro o su baja del balance.
¿Cómo afecta el valor residual al cálculo de la depreciación?
El valor residual reduce la base sobre la que se calcula la depreciación. Si estimas que al final de la vida útil el equipo tiene un valor de mercado recuperable, ese importe no se deprecia: solo se distribuye el costo neto de ese valor residual. Cuanto mayor sea el valor residual estimado, menor será la cuota de depreciación anual. Por eso, fijar un valor residual de cero cuando el activo tendrá valor al final de su vida útil lleva a depreciar de más y a sobrecargar el resultado del período con un gasto que no refleja la realidad económica del activo.
¿Los encofrados de madera y los metálicos se deprecian igual?
Contablemente siguen el mismo procedimiento, pero difieren en los parámetros que se usan para el cálculo. La vida útil de los encofrados de madera es notablemente más corta que la de los metálicos, su valor residual suele ser más bajo o incluso nulo y su tasa de deterioro es más rápida. Esto genera cuotas de depreciación más altas en términos relativos respecto al costo inicial. El método a elegir también puede variar: para encofrados de madera con usos contables muy definidos, el método de unidades de producción puede ser más preciso que la línea recta. Lo relevante es que cada tipo de activo cuente con su propio análisis y política de depreciación, incluso dentro de la misma categoría.
¿La depreciación de encofrados es deducible fiscalmente?
En la mayoría de los sistemas tributarios, sí, aunque con límites. La legislación fiscal de cada país establece tasas máximas de depreciación o vidas útiles mínimas para los activos fijos. Si la vida útil contable que asignas al encofrado es menor que la que permite la norma fiscal, la deducción anual estará limitada a la tasa máxima fiscal, generando una diferencia temporaria que origina un impuesto diferido. Para aprovechar correctamente la deducción y evitar observaciones en una revisión fiscal, es importante mantener el registro contable y el fiscal separados, conciliarlos al cierre y revelar las diferencias en las notas explicativas. También es recomendable analizar si los equipos que no se adquieren, sino que se alquilan, ofrecen ventajas fiscales distintas, algo que puedes profundizar en el análisis del alquiler de maquinaria de construcción.
Conclusión
La depreciación de encofrados y andamios no es un trámite contable menor: es el mecanismo que permite distribuir de forma justa el costo de estos activos a lo largo de los períodos en que generan valor para la empresa. Aplicarla correctamente exige que identifiques si el bien califica como activo fijo, que estimes con criterio técnico su vida útil y valor residual, y que elijas el método que mejor refleje su patrón de uso real.
A lo largo de este artículo has visto los tres métodos reconocidos por la NIC 16, los asientos contables que debes registrar, las diferencias entre la vida útil contable y fiscal y los errores más frecuentes que conviene evitar. Cada uno de esos puntos tiene una aplicación práctica inmediata: puedes revisar tus registros actuales, validar las estimaciones de vida útil que tienes documentadas y confirmar que el método que aplicas es el más adecuado para tus condiciones reales de obra.
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